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  • Javier Iturrioz: el arte de crear espacios con alma

    Arquitecto, escenógrafo y referente indiscutido del maximalismo, Javier Iturrioz desafía la estandarización del diseño creando universos con identidad propia. Desde su rol en el comité de Distrito BAFA, el prestigioso interiorista reflexiona sobre su obsesión por contar historias a través de los objetos, su pasión por el coleccionismo y su firme compromiso con la preservación del patrimonio arquitectónico de Recoleta y Retiro. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA Hay creativos que diseñan espacios. Y hay otros que construyen universos. Javier Iturrioz pertenece claramente a esta última categoría. Arquitecto, interiorista, escenógrafo y coleccionista de arte, lleva décadas desarrollando una mirada propia que desafía las fórmulas repetidas y reivindica la personalidad por encima de las tendencias. En cada proyecto, ya sea una residencia privada, un local comercial o una puesta escenográfica, aparece una misma obsesión: contar historias a través de los objetos, los materiales y la belleza. Referente indiscutido del maximalismo en Buenos Aires y miembro del estudio Montes Iturrioz Arquitectos, su universo creativo parece estar en permanente movimiento. “Paso gran parte del día con formas, colores, texturas y movimientos en mi cabeza. Me armo conceptos que son casi como storyboards. A mí me gusta contar historias”, explicó Iturrioz. Y esa definición funciona como una puerta de entrada perfecta a su manera de entender el diseño. Javier Iturrioz, referente indiscutido del maximalismo en Buenos Aires y miembro del estudio Montes Iturrioz Arquitectos. Fotografía: Nicolás Stulberg En sus proyectos conviven sin jerarquías aparentes una obra de arte contemporánea, una antigüedad centenaria, una pieza de diseño y un recuerdo de viaje. Lejos de buscar síntesis o minimalismo, encuentra inspiración precisamente en el encuentro entre elementos inesperados. “Me gusta arriesgar y combinar cosas que, en apariencia, no tienen nada que ver entre sí, porque creo que ahí es donde surgen los resultados más interesantes”, señaló. Su formación ayuda a entender esa mirada multidisciplinaria. Estudió arquitectura, interiorismo y escenografía, mientras construía paralelamente una colección de arte que hoy supera los 35 años de historia. Todas esas influencias dialogan de manera natural en cada proyecto. “Soy arquitecto, decorador y escenógrafo, y esas tres disciplinas están siempre presentes en mi universo creativo. El arte, las antigüedades, la escultura y el diseño forman parte de mi vida y conviven naturalmente a la hora de crear”, contó. Sin embargo, más allá de los estilos o las referencias culturales, existe una idea que atraviesa todo su trabajo: la búsqueda de identidad. Para Iturrioz, un espacio no debería parecerse a otro. Debe hablar de quienes lo habitan, reflejar una historia personal y escapar de la estandarización que domina gran parte del diseño contemporáneo. “Cuando diseñamos una casa o un interior, tiene que hablar de quienes la habitan. No me gustan las cosas seriadas ni impersonales”, afirmó. Por eso suele incorporar objetos heredados, recuerdos familiares o piezas que acompañaron durante años a sus dueños. Elementos que, lejos de ocultarse, se transforman en protagonistas de la narrativa espacial. “Creo que todo encuentra su lugar. Si algo es bello, puede convivir con otros elementos”, sostuvo. Esa sensibilidad también aparece cuando habla de Buenos Aires. Pocas cosas despiertan tanta pasión en él como el patrimonio arquitectónico de la ciudad. Amante declarado de Retiro y Recoleta, encuentra inspiración en los palacios, las plazas, las esculturas y en la mezcla de estilos que definieron la identidad porteña. “Me apasiona la arquitectura clásica y todo aquello que forma parte de la historia que supimos construir. Me inspiran el Art Nouveau, el Art Déco, el racionalismo y el academicismo francés”, explicó. Y agregó una reflexión que resume su compromiso con la conservación urbana: “Cada vez que se demuele un edificio valioso siento que perdemos una parte de nuestra historia”. Esa defensa del patrimonio encuentra una continuidad natural en su participación dentro del Distrito BAFA. Para Iturrioz, formar parte de este ecosistema cultural y creativo es mucho más que una distinción profesional: representa una responsabilidad vinculada con la preservación de uno de los sectores más emblemáticos de la ciudad. “Formar parte del comité de BAFA es para mí un orgullo y un honor. Recoleta y todo lo que representa este distrito ocupan un lugar muy especial en mi vida”, señaló. Allí confluyen muchas de sus grandes pasiones: el arte, la arquitectura, la gastronomía, la hotelería clásica, los anticuarios y la moda. “Cada rincón de BAFA es una postal de nuestra ciudad. Es parte de nuestra historia”, concluyó. En una época donde la velocidad y las tendencias parecen marcar el ritmo de todo, Javier Iturrioz sigue apostando por otra lógica: la de los espacios con carácter, la belleza construida con capas y la convicción de que cada proyecto puede convertirse en una historia irrepetible. Una historia que, como sus interiores, siempre tiene algo más para descubrir. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Evangelina Bomparola: la elegancia como una forma de habitar el tiempo

    En su atelier sobre la Av. Alvear, la diseñadora desafía la velocidad de la moda masiva con prendas artesanales y materiales nobles traídos del mundo. Una mirada donde la calidad supera a la cantidad, el consumo es responsable y el estilo trasciende las tendencias para aprender a habitar el tiempo. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En una de las avenidas más emblemáticas de Buenos Aires, detrás de las vidrieras de Av. Alvear 1946, convive un universo que desafía la velocidad de la moda contemporánea. Allí, entre textiles seleccionados en distintos rincones del mundo, siluetas depuradas y una mirada estética inconfundible, Evangelina Bomparola construye desde hace años una propuesta que se mantiene fiel a una idea cada vez más escasa: diseñar para el tiempo, no para la tendencia. Su nombre identifica a la marca, pero también a una forma de entender el diseño. “Evangelina Bomparola es el nombre que congrega todo un universo de ideas aplicadas al diseño”, resume la creadora. Un universo que, lejos de perseguir la novedad inmediata, encuentra su valor en la permanencia. La historia de la firma está profundamente ligada a la búsqueda. Una búsqueda de materiales, de identidad y de excelencia. “Evangelina Bomparola es la unión de dos mundos: el mundo del diseño con los mejores materiales disponibles en el mundo, que consigo a través de viajes. Los consigo yo y los conseguimos con mi equipo, en una búsqueda casi desesperada por encontrar valores diferenciales en materias primas”, explica. Esa obsesión por la calidad atraviesa cada etapa del proceso. En una industria dominada por la velocidad y la producción masiva, Bomparola elige otro camino. “Trabajamos con mano de obra artesanal. Producimos muy poca cantidad de prendas. Nosotros priorizamos la calidad por sobre la cantidad”, señala. La filosofía detrás de la marca también dialoga con una mirada consciente sobre el consumo. “Somos devotos del consumo responsable y tratamos de que la gente entienda que es mejor ‘bueno y poco’”, afirma. La idea se traduce en colecciones pensadas para permanecer en el guardarropa durante años, piezas que acompañan distintos momentos de la vida y que no quedan atrapadas en una temporada específica. “Nuestros diseños tienden a trascender temporadas y tiempos; tiempos que son años, que son momentos”, explica. Por eso, más que hablar de moda, Bomparola prefiere hablar de estilo. “No trabajamos tendencias, sino que trabajamos un estilo. Un estilo muy definido que juega con un clasicismo en relación y en armonía con la contemporaneidad”. Colección ALTA CULTURA. Piezas precisas, refinadas, profundamente pensadas — clásicos contemporáneos donde el cuerpo decide y la ropa responde. Ese equilibrio entre tradición y actualidad también aparece en la selección de materiales y colores. Cada decisión responde a una búsqueda estética, pero también ética. “Cada material que seleccionamos para nuestro trabajo tiene que ver con la pureza, la nobleza, la sustentabilidad y la no contaminación del medio ambiente”, sostiene. A eso se suma una paleta cromática que evita lugares comunes. “Buscamos colores que vibren, colores definidos. Nos gusta muchísimo poder unir universos y colorimetrías que no son las convencionales”. Colección ALTA CULTURA. Piezas precisas, refinadas, profundamente pensadas — clásicos contemporáneos donde el cuerpo decide y la ropa responde. Detrás de cada colección aparece una mujer imaginada, aunque difícil de encasillar. Es una figura que funciona más como una actitud que como un perfil determinado. “Pensamos en una mujer mundana, desenvuelta, con una vida muy activa, no solamente física, sino también intelectual. Una mujer curiosa, una mujer que se mueve todo el tiempo y que visita distintos mundos”, describe. La diversidad ocupa un lugar central en esa construcción. “Creo que la diversidad es una palabra maravillosa que tiene que ver con lo divertido”, reflexiona. Y agrega: “Me gusta saltar entre distintos ámbitos, desde uno más intelectual hasta uno no tanto. Me gusta conocer distintas ciudades: ciudades de playa, ciudades más mediterráneas. En fin, pienso en la diversidad”. Aunque la marca lleva su nombre, Bomparola insiste en hablar en plural. “Creo en el trabajo en equipo, porque tengo una empresa y porque detrás de mi persona hay un equipo de gente que colabora conmigo y que me acompaña en cada una de las aventuras que emprendo”, explica. Esa dimensión colectiva es parte fundamental de un proyecto que logró construir una identidad reconocible sin perder cercanía ni coherencia. Su vínculo con Recoleta también forma parte de esa historia. Desde los inicios de la firma, la marca desarrolló su actividad en el barrio y hoy encuentra en el Distrito BAFA una forma de potenciar esa pertenencia. “Formar parte de BAFA es un sueño que tuvimos hace mucho tiempo”, asegura. Para Bomparola, el valor del distrito va más allá de lo comercial. Tiene que ver con la posibilidad de generar comunidad entre quienes comparten un mismo territorio. “Lo que es maravilloso desde el punto de vista comercial y empresarial es saber quién está detrás de cada marquesina, poder establecer vínculos”, señala. Y concluye con una idea que resume su mirada sobre el barrio que habita desde hace décadas: “Se trata de generar una hermandad en donde podamos hacer fuerza juntos y mejorar nuestro barrio. Porque pasamos tanto tiempo acá como en nuestras casas. En definitiva, se trata de proteger, cuidar y también curar nuestro barrio”. En tiempos de consumo acelerado y tendencias fugaces, Evangelina Bomparola sigue apostando por otra velocidad. Una donde la elegancia no se mide por la novedad, sino por la capacidad de permanecer. Donde una prenda se vuelve valiosa cuando logra acompañar una vida entera. Y donde el diseño, más que seguir el tiempo, aprende a habitarlo. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Donde Recoleta se vuelve hogar: la experiencia íntima de CasaSur

    El hotel boutique que fue pionero en redefinir el concepto de hospitalidad en Buenos Aires consolida su propuesta basada en la escala humana. Entre habitaciones completamente remodeladas, paseos culturales sobre ruedas y una cocina de identidad, CasaSur Recoleta propone una experiencia sensorial y cercana en el corazón de Distrito BAFA, demostrando que el verdadero lujo reside en detenerse en los detalles. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En una de las avenidas más elegantes de Buenos Aires, entre edificios señoriales, galerías de arte y veredas que todavía conservan algo del ritmo pausado de otro tiempo, hay un hotel que eligió construir lujo desde la cercanía. A metros de la Avenida Alvear y del Cementerio de la Recoleta, CasaSur Recoleta se convirtió, desde su apertura en 2008, en una de las propuestas boutique más distintivas de la ciudad: un espacio donde el diseño, la hospitalidad y la identidad porteña conviven con naturalidad. CasaSur fue, además, uno de los primeros hoteles boutique de Buenos Aires, en un momento en que ese concepto todavía era novedoso en la ciudad. Con apenas 35 habitaciones y una estética que combina materiales nobles, líneas neoclásicas y detalles contemporáneos, el hotel parece funcionar más como una residencia sofisticada que como una estructura tradicional de hotelería. Hay algo deliberadamente cálido en la experiencia: una escala íntima, un lobby silencioso y una atención que evita la solemnidad del lujo clásico para acercarse a algo más humano. “Todo huésped que nos visita se lleva una experiencia muy local, muy vinculada al barrio donde estamos emplazados, que es el sofisticado barrio de Recoleta”, señaló Emilia Saldubehere, General Manager de CasaSur Hotel Collection. “Así es nuestro hotel: muy moderno, a su vez clásico y muy sofisticado”. Esa relación con el entorno aparece como una de las claves de la propuesta. Recoleta no funciona solamente como una ubicación estratégica sino como parte esencial de la experiencia. Desde el hotel organizan walking tours con historiadores locales, recorridos por Palermo, city tours, clases de tango, yoga y hasta catas de yerba mate. La intención es que el visitante no permanezca aislado dentro del edificio sino que entre en contacto con la ciudad de una manera más sensorial y cotidiana. “Estamos muy cerca del cementerio de la Recoleta, en un punto clave de la ciudad. Y por eso pertenecer a BAFA también nos aporta muchísimo desde lo cultural y en la conexión con todo el entorno que nos rodea”, explicó Saldubehere. CasaSur fue, además, uno de los primeros hoteles boutique de Buenos Aires, en un momento en que ese concepto todavía era novedoso en la ciudad. La innovación, según cuentan desde el hotel, siempre formó parte de su ADN. “Fuimos de los primeros hoteles que colocó bicicletas para recorrer Buenos Aires”, recordó la ejecutiva. Hoy esas bicicletas siguen disponibles como parte de una experiencia que combina bienestar y descubrimiento urbano. El diseño ocupa un lugar central dentro de esa construcción identitaria. Las habitaciones fueron recientemente remodeladas y conservan una estética elegante pero serena, donde predominan las texturas suaves, las maderas claras y una iluminación pensada para transmitir calma. “Los dueños de los hoteles son una compañía local que está muy pendiente de que nuestros hoteles luzcan divinos todo el tiempo”, contó Saldubehere. “CasaSur Recoleta fue totalmente remodelado en sus habitaciones y realmente ha elevado muchísimo el diseño de este hotel”. La combinación de texturas y materiales nobles, se destacan en cada una de las 35 habitaciones de estilo neoclásico. Un ambiente cálido en donde los detalles fueron pensados para satisfacer, en todo momento, cada una de las necesidades de los huéspedes. La gastronomía también aparece como un vehículo para narrar la identidad local. En el restaurante Ander Local Food, la cocina argentina se reinterpreta desde una mirada contemporánea, pero sin perder los sabores reconocibles. En el desayuno conviven alfajores de maicena, tortas fritas y arroz con leche; en fechas patrias aparecen platos como el locro; y en las cenas se priorizan ingredientes y recetas vinculadas a la tradición local. “Tratamos de estar muy pendientes de cada huésped y sus gustos culinarios para poder satisfacerlos”, explicó Saldubehere. Esa lógica de personalización atraviesa toda la experiencia CasaSur y parece ser una de las razones por las que muchos huéspedes vuelven una y otra vez. “Nuestra pretensión es que todas nuestras visitas se sientan como en casa. Esperados, agasajados, mimados”, resumió. CasaSur Recoleta se encuentra ubicado en el corazón del distinguido y emblemático barrio de Recoleta, sobre la Avenida Callao entre las Avenidas Quintana y Alvear. Vecino de lujosas galerías de Arte, reconocidos centros comerciales, espacios verdes y circuitos turísticos. En tiempos donde gran parte de la hotelería de lujo apuesta por la espectacularidad, CasaSur parece encontrar su diferencial en otro lugar: la escala humana. El spa, las propuestas wellness y los pequeños gestos cotidianos construyen una experiencia más silenciosa, menos ostentosa y profundamente ligada al bienestar. A casi dos décadas de su apertura, el hotel continúa renovándose. Y mientras proyecta nuevos horizontes —como la futura apertura de un hotel en la Patagonia—, mantiene intacta la idea que lo vio nacer: hacer del lujo una experiencia cercana, porteña y profundamente conectada con el entorno cultural que lo rodea. “Formar parte de Distrito BAFA, además de ser un orgullo muy grande, nos permite integrarnos a esta comunidad de innovación y cultura”, concluyó Saldubehere. En una ciudad donde la hospitalidad muchas veces corre detrás de la velocidad, CasaSur parece haber encontrado otro camino: el de detenerse en los detalles. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Un ícono que perdura: Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires cumple 20 años en el corazón de Recoleta

    Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires celebra 20 años de encuentros y de transformar la arquitectura y la historia de Recoleta en un legado vivo, con la misma emoción del primer día. 12 de julio de 2006 — 12 de julio de 2026

  • Miranda Bosch Galería: donde el arte contemporáneo encuentra nuevas formas de habitar la ciudad

    Más que una sala de exhibición, el espacio de Recoleta se consolida como una plataforma viva que desafía los márgenes tradicionales. Entre el acompañamiento federal a artistas en expansión y un diálogo fluido con el diseño y el real estate, una propuesta que redefine cómo el arte habita y transforma la escena porteña. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En una casona de Recoleta, entre paredes blancas, montajes en transformación constante y conversaciones que cruzan el arte con la arquitectura, el diseño y hasta el real estate, Miranda Bosch Galería construyó en la última década un lugar singular dentro de la escena cultural porteña. Más que una galería tradicional, el espacio funciona como una plataforma viva donde artistas contemporáneos argentinos desarrollan ideas, experimentan formatos y encuentran un acompañamiento poco habitual en el ecosistema artístico local. Miranda Bosch en Montevideo 1723: Un espacio donde las obras cambian, las ideas evolucionan y las formas de mirar todavía pueden sorprender. Desde sus inicios, la galería se propuso trabajar con artistas en plena expansión creativa. No necesariamente nombres consagrados, sino autores en movimiento, atravesando búsquedas, cambios y momentos de crecimiento. “La galería busca representar artistas que estén en plena expansión y conectados con la actualidad del arte. También valoramos la proyección a futuro y la posibilidad de construir un vínculo a largo plazo”, explicó Esmeralda Gil, coordinadora general de la galería. Ese espíritu aparece también en la manera en que Miranda Bosch entiende su rol dentro del arte contemporáneo argentino: como un espacio que no solo exhibe, sino que acompaña procesos. La relación con cada artista se desarrolla desde la cercanía, el intercambio y el tiempo compartido. Las muestras, de hecho, empiezan mucho antes de colgar una obra en una pared. “Durante varios meses se trabaja en conjunto, ajustando ideas y dando forma a la muestra, hasta llegar al montaje y la instancia de exhibición”, señaló Gil. En una escena donde muchas veces las galerías funcionan únicamente como espacios de circulación comercial, Miranda Bosch buscó construir otra lógica. El acompañamiento incluye apoyo en producción, asesoramiento para convocatorias y concursos, participación en ferias y una presencia activa en el desarrollo profesional de quienes integran su programa. “Miranda Bosch siempre apoyó con una parte económica que no suele ser común en galerías de arte contemporáneo”, explicó Gil sobre una estructura que apuesta al crecimiento sostenido de los artistas. La galería también se mueve en un territorio híbrido donde el arte dialoga con otras disciplinas. Según cuentan desde el espacio, existe una conexión cada vez más fuerte entre el arte contemporáneo, el diseño y el universo del real estate, especialmente en relación con la estética, la identidad visual y el prestigio cultural de ciertos proyectos urbanos. Esa mirada atraviesa la programación anual, que suele incluir entre cinco y ocho exposiciones y que evita repetirse o quedarse quieta. “Miranda Bosch busca salirse un poco de lo establecido y buscar nuevas formas de exhibición y de desarrollar proyectos artísticos”, sostuvo Esmeralda. Esa búsqueda por abrir el juego también se tradujo en iniciativas como el Premio Estímulo MB, creado para dar visibilidad a artistas emergentes que todavía no formaban parte del staff de la galería. La propuesta permitió incorporar nuevas voces y ampliar el diálogo con prácticas contemporáneas que muchas veces quedan por fuera de los circuitos más establecidos. Detrás de cada inauguración existe un trabajo silencioso que el público rara vez llega a ver: reuniones, producción, decisiones curatoriales, logística, montaje y conversaciones constantes. “Una exhibición no solo es el resultado final, sino todo y todos los que lo hicieron posible”, resumió Gil. En ese entramado aparecen curadores, críticos, coleccionistas, músicos, instituciones y otros agentes culturales que convierten a la galería en un punto de encuentro más amplio que el de una simple sala de exhibición. En paralelo, el arte argentino atraviesa un momento de fuerte visibilidad internacional. La presencia en ferias como ARCO o Art Basel y la participación en eventos como la Bienal de Venecia volvieron a poner el foco sobre la producción local. Para Miranda Bosch, ese crecimiento también implica nuevos desafíos: gestionar carreras artísticas en un contexto dinámico, donde la visibilidad se construye todos los días y sostener una práctica artística requiere algo más que producir obra. “La visibilidad no es un hecho dado, sino una construcción que requiere presencia, continuidad y participación activa”, reflexionó Gil. En una casona de Recoleta, entre paredes blancas, montajes en transformación constante y conversaciones que cruzan el arte con la arquitectura, el diseño y hasta el real estate, Miranda Bosch Galería construyó en la última década un lugar singular dentro de la escena cultural porteña. Como parte del circuito de Distrito BAFA, la galería encuentra además un territorio afín para seguir expandiendo ese diálogo entre disciplinas. Arte, moda, diseño y arquitectura conviven en una zona de la ciudad que se redefine a partir de nuevas experiencias culturales y recorridos contemporáneos. Y quizás ahí esté la esencia de Miranda Bosch: en entender al arte no como un objeto inmóvil, sino como una conversación permanente con el presente. Un espacio donde las obras cambian, las ideas evolucionan y las formas de mirar todavía pueden sorprender. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • El tiempo como legado: la historia viva de El Trust Joyero Relojero

    Cien años de historia, oficio y memoria colectiva se reinterpretan en la emblemática esquina de Callao y Quintana. Lejos de la ostentación efímera, El Trust Joyero Relojero consolida su propuesta centenaria en Recoleta como una de las paradas más singulares de Distrito BAFA: un espacio donde la tasación artesanal, la alta relojería y los objetos con legado proponen otra forma de mirar el tiempo. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En la intersección de Avenida Callao y Quintana, entre edificios clásicos, cafés elegantes y el movimiento constante de Recoleta, hay un local donde el tiempo parece adquirir otro ritmo. Detrás de las vitrinas de El Trust Joyero Relojero conviven relojes de colección, joyas con décadas de historia y una tradición que atraviesa generaciones. No se trata solamente de una joyería: es uno de esos espacios porteños donde la memoria de la ciudad todavía se conserva en los objetos. La historia comenzó en 1924, en una Buenos Aires que crecía al ritmo de la modernidad. La primera sede estaba ubicada en la esquina de Corrientes y Carlos Pellegrini, una zona que por entonces concentraba el pulso cultural y comercial de la ciudad. Allí, El Trust Joyero Relojero se volvió conocido por acercar piezas internacionales que representaban sofisticación y deseo en una época donde lo extranjero tenía un aura casi inalcanzable. Relojes suizos, cristalería de Bohemia y alhajas llegadas desde París formaban parte de un universo aspiracional que, con el tiempo, terminó integrándose al imaginario cotidiano de varias generaciones de argentinos. Fotografía de El Trust Joyero Relojero de Av. Corrientes y 9 de julio El Trust Joyero Relojero, al ser la joyería más importante y emblemática del país, logra que por extensión se llame de la misma manera al emblemático edificio que fue la primera sede de la firma en la esquina de Corrientes y Carlos Pellegrini. “Desde sus inicios se destacó por acercar al público piezas de origen internacional en una época donde eso era sinónimo de innovación y sofisticación”, señaló Gabriel Vera, socio gerente de la marca. Pero más allá del lujo, hubo algo más importante: la construcción de un vínculo. El Trust Joyero Relojero no quedó asociado solamente a los objetos que vendía, sino también a ciertos recuerdos colectivos. Durante décadas, multitudes se reunieron frente a sus vidrieras para mirar acontecimientos históricos transmitidos en los televisores exhibidos sobre la calle. Desde la llegada del hombre a la Luna hasta los mundiales ganados por Argentina, la joyería terminó siendo también una especie de punto de encuentro urbano. Trust Joyero Relojero, publicidad de 1912. Esa dimensión emocional sigue siendo central incluso hoy, cien años después. “Sostener ese legado implica entender que cada pieza tiene una historia que forma parte de momentos importantes en la vida de las personas”, explicó Vera. La frase resume bastante bien el espíritu de la marca: una combinación de oficio, memoria y sensibilidad que todavía define el trabajo cotidiano del local. Si hubiera que condensar el ADN de El Trust Joyero Relojero en pocas palabras, la definición aparece casi de inmediato: “Familia, coherencia y tradición”. Tres conceptos que atraviesan tanto la atención al público como la manera en que entienden el negocio. Porque en un universo donde el lujo suele estar asociado a la exhibición, El Trust Joyero Relojero construyó su reputación desde otro lugar: el conocimiento técnico, la confianza y la permanencia. El Trust Joyero. Década de 1940. En ese sentido, el oficio ocupa un lugar central. El trabajo del joyero y del relojero sigue siendo una práctica silenciosa, casi artesanal, que requiere precisión y experiencia. “El oficio es el pulso invisible de todo lo que hacemos. Es saber leer los detalles, entender los mecanismos, reconocer la calidad”, afirmó Vera. Esa mirada experta aparece especialmente en el proceso de tasación, uno de los servicios más reconocidos de la marca. Allí, cada objeto es analizado no sólo por sus materiales o estado de conservación, sino también por su procedencia, su demanda en el mercado y su dimensión simbólica. “La tasación combina conocimiento técnico y lectura de mercado”, explicó Vera. “Se evalúan materiales, estado, procedencia, marca y demanda actual. Es un proceso transparente que siempre explicamos paso a paso”. En un soleado día de 1946, desde su garita de Corrientes y Carlos Pellegrini, un agente de policía indica a tres mujeres la ubicación de un lugar que ellas le han preguntado. Atrás el Trust Joyero Relojero, sirve de telón de fondo a la escena. Compartido por el usuario @BsAs_recuerdo en X (ex-Twitter) En paralelo, el universo de la relojería ocupa un lugar cada vez más relevante dentro de la identidad de la marca. Especialmente los relojes de lujo y colección, que para muchos exceden por completo la idea de accesorio. “Un reloj de lujo no es solo una herramienta para medir el tiempo: es una pieza de diseño, de ingeniería y muchas veces de herencia. Tiene una dimensión emocional que lo vuelve único”, sostuvo. Tal vez por eso quienes llegan hoy a El Trust Joyero Relojero no buscan únicamente comprar o vender una joya. “Buscan certezas en un mundo acelerado”, resumió Vera. Buscan un espacio donde todavía exista tiempo para observar, preguntar, entender y decidir sin apuro. Nuevo local de El Trust ubicado en Av. Callao 1798, Recoleta El traslado desde la histórica esquina de Corrientes hacia Recoleta implicó un cambio importante para la marca, aunque no una ruptura. “Más que un traslado, fue una relectura”, explicó el socio gerente. “La esquina de Callao y Quintana nos permitió reimaginar ese espíritu original en un lenguaje contemporáneo, sin perder su identidad”. Esa idea de reinterpretar la tradición parece atravesar todo el presente de El Trust Joyero Relojero. Porque sostener una marca centenaria en la actualidad implica encontrar un equilibrio delicado entre historia y adaptación. “La tradición no es algo estático. Se sostiene adaptándose, entendiendo los cambios y manteniendo claros los valores que le dieron origen”, reflexionó Vera. En el contexto del Distrito BAFA, esa convivencia entre pasado y contemporaneidad adquiere todavía más sentido. Entre galerías, espacios de diseño y marcas vinculadas al universo creativo porteño, El Trust Joyero Relojero aparece como una pieza singular dentro del circuito. “Es un punto de encuentro entre historia y presente. Un lugar donde el tiempo se mira distinto y donde cada objeto tiene algo para contar”, definió Vera. Y quizás ahí resida el verdadero valor de la marca: en haber entendido, mucho antes que muchos otros, que ciertos objetos sobreviven no solamente por lo que valen, sino por las historias que son capaces de guardar. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Lanzamiento BAFA Black Card

    Escaneá. Descargá. Disfrutá. Buenos Aires Fashion & Arts presenta su tarjeta digital de beneficios: la BAFA Black Card. Acceso inmediato a promociones exclusivas en las marcas premium, comercios, restaurantes y espacios que integran el ecosistema BAFA. Moda, diseño, arte, joyería, gastronomía — todo con condiciones especiales para quienes la tienen. Sin trámites. Sin costo. Solo escaneá el código QR, descargá tu tarjeta y empezá a usarla. El universo Buenos Aires Fashion & Arts, en tu bolsillo.

  • Del Infinito: la galería donde las vanguardias argentinas dialogan con el presente

    Establecida en Av. Quintana 325, la galería Del Infinito se consolida dentro de Distrito BAFA como un espacio de vanguardia donde la historia del arte argentino dialoga con el pensamiento contemporáneo. Con una estructura enfocada en la investigación, el archivo y el acompañamiento curatorial, la plataforma exhibe a grandes maestros como Clorindo Testa y Julio Le Parc junto a nuevas generaciones de artistas. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En la planta baja de un edificio clásico de Recoleta, sobre la avenida Quintana, funciona desde hace años uno de los espacios más singulares del circuito artístico porteño. En Av. Quintana 325, la galería Del Infinito se consolidó como un punto de encuentro entre historia, experimentación y pensamiento contemporáneo. Parte del entramado cultural del Distrito BAFA, la galería se mueve con naturalidad entre la tradición de las vanguardias argentinas y las nuevas búsquedas del arte actual. Galería Del Infinito Desde sus comienzos, el espacio se pensó como una plataforma abierta a nuevas disciplinas, soportes y lenguajes tecnológicos aplicados al arte. Pero su identidad también se apoya en un profundo diálogo con la historia del arte argentino. En sus salas convivieron obras de referentes fundamentales como Raúl Lozza, Enio Iommi, Clorindo Testa, Julio Le Parc, Carmelo Arden Quin o Alberto Greco, junto a artistas contemporáneos que exploran nuevas formas de expresión. Ese cruce entre generaciones es, precisamente, una de las claves del proyecto. “Desde sus comienzos, Del Infinito se ha nutrido del diálogo entre grandes maestros argentinos y artistas contemporáneos”, explicó Julián Mizrahi, uno de los directores de la galería. “A esa base se suma hoy una estructura de trabajo centrada en archivos, investigación y documentación, que contribuye a preservar y proyectar un legado dentro del ecosistema del arte argentino”. Más que un espacio de exhibición, Del Infinito funciona como una plataforma de pensamiento y producción cultural. Cada exposición es el resultado de un proceso que combina investigación, curaduría, producción y reflexión conceptual. “Cada muestra es un proceso singular, en el que múltiples disciplinas trabajan de manera articulada”, señaló Mizrahi. “Todo ese sistema debe funcionar de forma alineada para ofrecer al espectador una experiencia integral”. Imágenes de la actual exposición de la galería, "Renart&Landini", una muestra que pone en diálogo las obras de Ginevra Landini (1996) y Emilio Renart (1925 - 1991). La elección de los artistas que integran el programa también responde a una mirada cuidadosa sobre el lugar del arte en el presente. Para la galería, el interés no está solo en la obra terminada, sino en la capacidad de cada artista de abrir nuevas preguntas. “Valoramos no solo su aporte cultural, sino también su capacidad de producir una experiencia sensible y dejar una marca perdurable”, afirmó Mizrahi. En ese mismo sentido, Melina Bazante —encargada de comunicación y acervo de la galería— destaca que el proyecto curatorial se construye a partir de una reflexión profunda sobre cada práctica artística. “Nos interesan artistas que generen preguntas, que abran nuevas lecturas y que produzcan momentos de reflexión entre el presente y el futuro”, explicó. El vínculo con los artistas, de hecho, ocupa un lugar central dentro del trabajo cotidiano de la galería. Más que una relación estrictamente profesional, se trata de un acompañamiento sostenido en el tiempo. “Cada relación tiene su propia dinámica y cada trayectoria requiere una forma particular de acompañamiento”, señaló Mizrahi. “Nuestro objetivo es que los artistas se sientan acompañados con atención y compromiso dentro de un marco de trabajo serio”. Imágenes de exposiciones pasadas de la galería. En orden de aparición: (1) "Puls Andán", (2) "Corrientes alternas" y (3, 4 y 5) "El Clash" En una ciudad donde la escena cultural depende en gran medida del impulso de instituciones y agentes privados, las galerías cumplen un rol clave dentro del ecosistema artístico. “En Argentina, donde los recursos destinados a la cultura suelen ser limitados, las galerías muchas veces cumplen una función fundamental en la difusión, investigación y visibilización de artistas”, explicó Mizrahi. Formar parte del Distrito BAFA refuerza esa idea de trabajo colectivo dentro de la escena cultural de la ciudad. Para Del Infinito, integrarse al distrito implica participar activamente en la construcción de un entorno artístico más sólido y visible. Quien atraviese la puerta de la galería en Quintana 325 encontrará algo más que una muestra de arte: una experiencia pensada para generar preguntas, abrir lecturas y provocar encuentros inesperados entre pasado y presente. En ese cruce de tiempos y miradas, Del Infinito sigue construyendo un espacio donde el arte argentino se piensa, se discute y se proyecta hacia el futuro. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • SOLANGE M.: cuando el espíritu argentino se encuentra con la elegancia europea

    Con su local en Av. Alvear 1443, la firma SOLANGE M. aporta al ecosistema de Distrito BAFA una propuesta única de resortwear y beachwear de lujo que combina raíces europeas con alma argentina. A través de un riguroso trabajo artesanal y exclusivas estampas pintadas a mano inspiradas en la naturaleza local, la diseñadora Solange Mayo proyecta la moda de autor nacional hacia las principales ferias internacionales del mundo. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En el universo de la moda, hay marcas que nacen de una oportunidad y otras que surgen de un momento profundamente personal. SOLANGE M. pertenece a esta última categoría. La historia de la firma, que hoy forma parte del ecosistema creativo del Distrito BAFA y tiene su local en Av. Alvear 1443, comienza hace casi tres décadas con un gesto íntimo: el nacimiento de un hijo y, al mismo tiempo, el nacimiento de una marca. Desde entonces, su recorrido ha sido el de una búsqueda constante por traducir identidad, paisaje y sensibilidad en prendas que combinan sofisticación, naturaleza y una mirada muy particular sobre el lujo. Solange M. Handmade Print CollectionSS26 La diseñadora Solange Mayo fundó la marca hace 28 años, en un momento que recuerda como decisivo. “El nacimiento de mi primer hijo fue un momento bisagra. Había algo muy simbólico en eso: dos comienzos al mismo tiempo. Sentí que era el momento de apostar por algo propio”, señaló. Aquella decisión, explicó, no fue solo profesional sino también vital: un modo de materializar lo aprendido durante su formación en París y de construir un proyecto creativo con identidad propia. La capital francesa marcó profundamente su manera de entender la moda. Allí se especializó en diseño de ropa interior y trajes de baño, una disciplina que le permitió desarrollar una sensibilidad particular por la relación entre prenda y cuerpo. “París me dio rigor, sensibilidad estética y una forma de entender la moda como algo que va más allá de la tendencia. Aprendí a pensar en la prenda desde adentro: cómo cae, cómo se siente, cómo acompaña el cuerpo”, contó Solange. Ese aprendizaje, al regresar a la Argentina, se encontró con otro universo completamente distinto: el de la energía, el color y la libertad de su propio país. Ese encuentro entre dos mundos terminó definiendo el ADN de la marca. Hija de madre alemana y padre belga, Solange reconoce que su identidad personal está atravesada por ese cruce cultural. “Es una marca que tiene raíces europeas y alma argentina”, resumió. Lo europeo aporta estructura, precisión y cierta sobriedad clásica; lo argentino introduce espontaneidad, pasión y una conexión profunda con el paisaje. En las colecciones de SOLANGE M., ese diálogo se vuelve visible en prendas de líneas limpias que funcionan como lienzo para estampas vibrantes y cargadas de simbolismo. Solange M. Handmade Print CollectionSS26 Durante sus primeros años, la marca se concentró en el desarrollo de trajes de baño de alta gama, en un momento en que el mercado local todavía exploraba ese terreno. Con el tiempo, esa especialización dio paso a una evolución natural hacia el resortwear y el beachwear de lujo, ampliando el universo creativo de la firma. “Nos dimos cuenta de que para competir en el mundo necesitábamos construir un universo completo”, explicó la diseñadora. La idea era acompañar a la mujer durante todo el día: desde la playa hasta una cena o un evento, sin que la prenda pierda su identidad. En el corazón de ese universo creativo están las estampas, uno de los rasgos más distintivos de la marca. Cada diseño nace a partir de ilustraciones realizadas a mano por artistas que interpretan ideas inspiradas en la naturaleza, la cultura y el imaginario argentino. “No es simplemente encargar un diseño: es una conversación, un intercambio creativo”, contó Solange. El proceso comienza con una emoción o una imagen —un paisaje, un animal, una hoja, un faro— que luego toma forma en una ilustración y finalmente se transforma en tela. Solange M. Handmade Print CollectionSS26 Las estampas suelen ser centradas y cuidadosamente ubicadas en cada prenda, lo que implica un trabajo de corte manual y decisiones minuciosas sobre la composición. “Las piezas tienen una construcción limpia para dejar que las estampas las llenen de vida y color”, explicó la diseñadora. El resultado es una estética que combina clasicismo en las formas con una fuerte expresividad visual. Ese espíritu también se refleja en el proceso de producción. En SOLANGE M., el trabajo artesanal ocupa un lugar central. Desde las ilustraciones pintadas a mano hasta las terminaciones en crochet, macramé o detalles realizados con retazos de tela, cada pieza conserva una huella humana. “En un mundo donde todo tiende a la automatización, el trabajo artesanal es nuestra forma de decir que detrás de cada prenda hay una historia”, afirmó. Solange M. Handmade Print CollectionSS26 La elección de materiales también responde a una lógica consciente. Muchas colecciones se desarrollan sobre lino, un tejido noble que permite trabajar la estampa con intensidad cromática y, al mismo tiempo, adaptarse a un contexto productivo complejo. La marca fabrica únicamente lo que vende en ferias mayoristas internacionales, lo que reduce el excedente de stock y forma parte de una estrategia más responsable de producción. Hoy, SOLANGE M. continúa expandiendo su presencia en el circuito internacional del resortwear de lujo, participando en ferias y showrooms en ciudades como Miami, Nueva York, Milán y París. Es un camino que la diseñadora describe como paciente y exigente. “Es un trabajo de hormiga. Cada feria, cada contacto, cada prenda que llega a manos de alguien nuevo es un ladrillo más”, explicó. Después de casi tres décadas en la industria, Solange asegura que todavía hay algo del proceso creativo que la sigue sorprendiendo. “La sorpresa. Después de 28 años, todavía me emociona el momento en que una idea se convierte en algo real”, dijo. Ese momento —cuando una ilustración se transforma en tela y finalmente en prenda— sigue siendo el motor de una marca que mira hacia el mundo sin dejar de anclarse en su origen. Porque, como sostiene su creadora, el verdadero desafío no es solo posicionar una firma en el mercado global, sino demostrar que la moda argentina tiene una voz propia capaz de dialogar con cualquier escenario internacional. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Guido: el arte de hacer zapatos que atraviesan el tiempo

    Con más de siete décadas de trayectoria en Recoleta, la firma Guido continúa redefiniendo el calzado clásico argentino desde su local en Av. Presidente Quintana 333. A través de procesos artesanales en sus talleres y una fuerte identidad familiar, la marca preserva el oficio tradicional y la calidad de exportación en piezas icónicas como sus célebres mocasines hechos a mano. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En una ciudad donde la moda cambia con la velocidad de las temporadas, hay objetos que parecen permanecer intactos. Los mocasines de Guido pertenecen a esa categoría: piezas que no responden al impulso de la novedad sino a la lógica del oficio. Desde su local en Av. Presidente Quintana 333, en el corazón de Recoleta, la marca continúa escribiendo una historia que comenzó hace más de siete décadas y que hoy forma parte del paisaje clásico del calzado argentino. GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo. La escena fundacional es casi cinematográfica. En 1952, Luciano Bagnasco colocó sobre un mostrador un pequeño conjunto de modelos: un par de mocasines, dos zapatos elegantes pensados para la vida social de la ciudad y algunos encargos hechos a medida para clientes particulares. Aquella primera colección condensaba una idea sencilla pero ambiciosa: hacer buenos zapatos, pensados para durar. Así nació Guido, nombre tomado de una calle de uno de los barrios más distinguidos de Buenos Aires, donde empezó la historia de la marca. Con el tiempo, ese gesto inicial se transformó en una tradición. “Guido nace en 1952 con una idea muy simple pero muy potente: hacer buenos zapatos. Luciano Bagnasco quería hacer productos que duren, que se usen, que se vuelvan parte de la vida de las personas”, cuenta Luis, vendedor del local desde hace tres décadas. “Y creo que eso sigue pasando hoy”. GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo. En un universo donde la producción suele acelerarse, el ADN de Guido parece moverse en otra dirección. Para quienes trabajan allí, la identidad de la marca se define en pocas palabras: continuidad, cuidado y cercanía. “Si tengo que definir Guido en pocas palabras: calidad, tradición y familia. Son zapatos que no pasan de moda y los que trabajamos en Guido somos familia”, señala Luis. Esa idea de familia no es sólo simbólica. Tiene que ver con una forma de trabajo que se sostiene desde el origen: el oficio como núcleo del proceso. El cuero —su textura, su resistencia, su comportamiento con el paso del tiempo— ocupa un lugar central en esa lógica. “Todo empieza por el cuero. Si el material es bueno, el zapato lo transmite. Y en Guido eso es clave”, explica. GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo. En los talleres, el proceso de fabricación conserva una dimensión artesanal que hoy resulta cada vez más inusual. No se trata simplemente de diseñar un modelo: cada par implica tiempo, conocimiento técnico y manos entrenadas. “El oficio sigue estando en el corazón de todo. Hay manos, experiencia y detalle en cada etapa. Eso es lo que hace la diferencia”, dice Luis. Ese trabajo se organiza como una cadena de saberes específicos. Algunos artesanos se especializan en determinadas etapas del proceso o en modelos concretos. “El proceso de confección de un zapato Guido es muy particular. Lo que lo diferencia es que está hecho a mano y que detrás de cada modelo hay un equipo de personas dedicadas a su elaboración. Hay artesanos que se especializan, por ejemplo, únicamente en hacer mocasines”, cuenta. GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo. Quizás por eso, cuando se habla de Guido, el mocasín aparece inevitablemente como un emblema. Su silueta sobria y elegante atraviesa generaciones sin perder vigencia. “Un clásico es algo que siempre funciona. Que te lo ponés hoy, en diez años o en veinte… y sigue estando bien. Eso es lo que pasa con nuestros mocasines”, reflexiona Luis. Pero incluso las tradiciones más sólidas deben dialogar con el presente. En las últimas décadas, la industria de la moda cambió radicalmente: nuevas formas de consumo, expansión digital y mercados globales. Guido atravesó esa transformación sin renunciar a su identidad. “Hoy la marca vive en muchos lugares: tiendas alrededor del mundo, online, redes. El desafío fue adaptarnos sin perder identidad. Y creo que lo logramos”, explica. En esa tensión entre continuidad y cambio parece residir parte del secreto. La marca no intenta reinventarse en cada temporada, sino reafirmar aquello que la define. “Sostener una marca tantos años te enseña algo clave: tener claro quién sos. Porque todo cambia, pero eso es lo que te mantiene”, dice Luis. En ese sentido, formar parte del Distrito BAFA implica para la marca una nueva forma de conexión con la escena creativa contemporánea. “Ser parte de BAFA es estar donde pasan cosas. Es conectar con la industria, con los clientes, con energía”. Mientras tanto, en el interior del local, los zapatos siguen alineados sobre las estanterías con una calma casi atemporal. Cada par parece llevar consigo algo más que diseño: una cadena de manos, decisiones y saberes que se transmiten desde 1952. “Nos gusta que cuando alguien conoce Guido, entienda que no es solo un zapato”, concluye Luis. “Hay historia, hay oficio, hay intención”. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Zurbarán: medio siglo difundiendo el arte de los argentinos

    Ubicada en el corazón de Recoleta, la histórica galería Zurbarán sostiene desde hace casi cinco décadas su misión de difundir "el arte de los argentinos". Con cerca de mil exposiciones realizadas y un catálogo que reúne a maestros como Berni y Quinquela Martín junto a talentos contemporáneos, el espacio se consolida como un pilar fundamental del ecosistema cultural de Distrito BAFA. Por Camila López Parafita DISTRITO BAFA En pleno Recoleta, detrás de una vidriera que muchas veces invita a detenerse unos segundos más de lo habitual, la galería Zurbarán sostiene desde hace casi cinco décadas una misma convicción: el arte argentino merece ser visto, comprendido y compartido. Más que una galería, es un espacio donde las obras dialogan con las historias de quienes las crean y de quienes se acercan a contemplarlas. Entrar a la galería Zurbarán es una invitación abierta. Una pausa en medio de la ciudad para mirar con más atención, descubrir nuevas miradas Fundada en 1976 con la misión de difundir “el arte de los argentinos”, la galería construyó a lo largo del tiempo una red cultural que trasciende sus paredes. Desde sus salas en Buenos Aires, Pilar y Santa Fe, hasta su hotel en Bariloche —El Casco Art Hotel, que reúne más de quinientas obras—, Zurbarán ha organizado cerca de mil exposiciones en distintos países y ha publicado libros, catálogos y materiales dedicados a difundir la producción artística local. En sus espacios conviven artistas contemporáneos con grandes maestros del arte argentino, como Antonio Berni, Benito Quinquela Martín o Emilio Pettoruti. Para Ignacio Zaldívar, director de la galería, el corazón del proyecto siempre estuvo ligado a la comunicación del arte. “Zurbarán enfoca el 51% de su tiempo en comunicar lo que hacemos. Y en el proceso, darle la mejor oportunidad a los artistas que representamos para que logren un gran alcance”, explicó. Esa idea de alcance —de llevar las obras más allá del taller y del circuito cerrado del arte— es una de las claves del ADN de la galería. En la sede de Cerrito 1522, Zurbarán inaugura muestras aproximadamente una vez por mes, acompañadas de visitas guiadas, charlas, eventos y encuentros con artistas. La misión de difundir el arte argentino, sin embargo, no se limita a exhibir obras. También implica construir experiencias culturales alrededor de ellas. “Cuando hablamos de difusión, en realidad nos referimos a que la experiencia sea mucho más cultural que simplemente visitar una sala y mirar cuadros”, señaló Javier Zenteno, codirector. “Nos gusta hablar de los artistas, contar sus historias, explicar de dónde viene cada obra. Que la visita sea mucho más enriquecedora”. Ese enfoque se refleja en la forma en que la galería trabaja con los artistas que representa. El proceso comienza, muchas veces, lejos de la sala de exposiciones: en los talleres. “Una parte fundamental de nuestro trabajo es visitar talleres de artistas conocidos y también de talentos nuevos”, contó Zaldívar. Allí buscan algo difícil de definir pero fácil de reconocer cuando aparece: una voz propia. “Cuando vemos una obra que no nos hace acordar a nadie, que tiene frescura y un gran impacto visual, sentimos que puede haber una oportunidad”. Si esas obras empiezan a encontrar su lugar en el mercado, el siguiente paso es la exposición. En la sede de Cerrito 1522, Zurbarán inaugura muestras aproximadamente una vez por mes, acompañadas de visitas guiadas, charlas, eventos y encuentros con artistas. Pero detrás de cada exposición hay un trabajo silencioso y prolongado. “Es una relación que uno tiene con el artista y que hay que nutrir constantemente”, explicó Zaldívar. “Para entender su obra hay que conocer su historia, su inspiración, su vida”. Ese vínculo humano, aseguran sus directores, es tan importante como la estrategia comercial. “El vínculo que construimos con los artistas es una de las cosas más lindas de esta actividad”, reflexionó Zenteno. “Muchas veces terminamos relacionándonos con sus familias y ellos con las nuestras. La relación termina siendo más una amistad que un vínculo puramente comercial”. Quienes llegan a la galería también lo hacen con motivaciones muy distintas. Hay coleccionistas experimentados que siguen la carrera de determinados artistas, inversores que buscan descubrir nuevas promesas y visitantes que simplemente entran por curiosidad o amor al arte. Para Zaldívar, todos forman parte del mismo ecosistema cultural. En ese sentido, uno de los desafíos que aún persisten es desmontar la idea de que el arte es inaccesible. “Mucha gente cree que esto es solo para personas con gran poder adquisitivo, y no es así”, afirmó. “En la galería tenemos obras desde 100 dólares en adelante. Cualquiera puede empezar una colección”. Esa visión también se conecta con el momento que atraviesa el arte latinoamericano en el escenario global. Según Zaldívar, en los últimos años creció el interés internacional por artistas de la región. “Hay una gran demanda por empezar a coleccionar arte latinoamericano”, señaló. “Y el arte argentino no tiene nada que envidiarle a las grandes capitales culturales”. Hoy, mientras nuevas generaciones de artistas exploran lenguajes visuales cada vez más abstractos, expresivos o geométricos, Zurbarán sigue apostando a la misma idea que la vio nacer: que el arte es una historia que merece ser contada. Quizás por eso, entrar a la galería sigue siendo una invitación abierta. Una pausa en medio de la ciudad para mirar con más atención, descubrir nuevas miradas y, tal vez, empezar a sentirse parte de ese universo creativo que la galería lleva casi cincuenta años difundiendo. _ Camila López Parafita @camilopezp_

  • Lanzamiento de Agenda BAFA 2024

    Distrito BAFA presentó formalmente su Agenda 2024 en una velada que marcó el inicio de un año de eventos orientados a consolidar el distrito como un ícono cultural y comercial en Latinoamérica. Durante el encuentro, que contó con el respaldo de autoridades del Gobierno de la Ciudad, se destacó el compromiso de la institución con el empleo artesanal y el desarrollo sostenible. ¡La Agenda 2024 de BAFA ya está aquí! En la noche del 21 de marzo, en una velada memorable, revelamos lo que se viene en el Distrito de Moda más vibrante de Buenos Aires. Con la presencia de figuras destacadas y un ambiente lleno de arte y diseño, marcamos el inicio de un año prometedor. Estén atentos a los eventos que transformarán nuestra querida ciudad en un ícono cultural y comercial de Latinoamérica. BAFA se enorgullece de su compromiso con la calidad, la artesanía y la valorización de los oficios tradicionales. Recibimos el reconocimiento del Gobierno de la Ciudad por generar empleo artesanal y promover la moda como un encuentro cultural significativo. Agradecemos a todos los que nos acompañaron en este viaje hacia la innovación y el desarrollo sostenible. Celebramos más que la moda: celebramos nuestra cultura, el arte y el emprendedurismo que nos posicionan en el mapa global. Con más de 200 socios comprometidos y una misión inspirada en los distritos de moda más icónicos del mundo, estamos redefiniendo el comercio y la cultura en Latinoamérica. Desde Distrito BAFA, nos sentimos profundamente agradecidos y honrados por el apoyo incondicional y la pasión compartida de figuras destacadas y entidades que han jugado un papel crucial en la realización de nuestra visión. Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a: 🌟María Belén Ludueña, por aceptar ser la madrina de BAFA, aportando no solo su carisma sino también su voz para amplificar nuestro mensaje y valores. 🌟A Roberto García Moritán, Ministro de Desarrollo Económico, a Gabriel Mraida , Ministro de Desarrollo Humano y Hábitat, a Jorge Macri, Jefe de Gobierno, y al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por su reconocimiento y apoyo continuo subrayan la importancia de BAFA dentro de la estrategia de desarrollo cultural y económico de la ciudad.

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