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Evangelina Bomparola: la elegancia como una forma de habitar el tiempo

  • Foto del escritor: Distrito BAFA
    Distrito BAFA
  • 10 ago
  • 4 min de lectura
En su atelier sobre la Av. Alvear, la diseñadora desafía la velocidad de la moda masiva con prendas artesanales y materiales nobles traídos del mundo. Una mirada donde la calidad supera a la cantidad, el consumo es responsable y el estilo trasciende las tendencias para aprender a habitar el tiempo.

Por Camila López Parafita

DISTRITO BAFA


En una de las avenidas más emblemáticas de Buenos Aires, detrás de las vidrieras de Av. Alvear 1946, convive un universo que desafía la velocidad de la moda contemporánea. Allí, entre textiles seleccionados en distintos rincones del mundo, siluetas depuradas y una mirada estética inconfundible, Evangelina Bomparola construye desde hace años una propuesta que se mantiene fiel a una idea cada vez más escasa: diseñar para el tiempo, no para la tendencia.


Su nombre identifica a la marca, pero también a una forma de entender el diseño. “Evangelina Bomparola es el nombre que congrega todo un universo de ideas aplicadas al diseño”, resume la creadora. Un universo que, lejos de perseguir la novedad inmediata, encuentra su valor en la permanencia.



La historia de la firma está profundamente ligada a la búsqueda. Una búsqueda de materiales, de identidad y de excelencia. “Evangelina Bomparola es la unión de dos mundos: el mundo del diseño con los mejores materiales disponibles en el mundo, que consigo a través de viajes. Los consigo yo y los conseguimos con mi equipo, en una búsqueda casi desesperada por encontrar valores diferenciales en materias primas”, explica.


Esa obsesión por la calidad atraviesa cada etapa del proceso. En una industria dominada por la velocidad y la producción masiva, Bomparola elige otro camino. “Trabajamos con mano de obra artesanal. Producimos muy poca cantidad de prendas. Nosotros priorizamos la calidad por sobre la cantidad”, señala.



La filosofía detrás de la marca también dialoga con una mirada consciente sobre el consumo. “Somos devotos del consumo responsable y tratamos de que la gente entienda que es mejor ‘bueno y poco’”, afirma. La idea se traduce en colecciones pensadas para permanecer en el guardarropa durante años, piezas que acompañan distintos momentos de la vida y que no quedan atrapadas en una temporada específica.


“Nuestros diseños tienden a trascender temporadas y tiempos; tiempos que son años, que son momentos”, explica. Por eso, más que hablar de moda, Bomparola prefiere hablar de estilo. “No trabajamos tendencias, sino que trabajamos un estilo. Un estilo muy definido que juega con un clasicismo en relación y en armonía con la contemporaneidad”.


Colección ALTA CULTURA. Piezas precisas, refinadas, profundamente pensadas — clásicos contemporáneos donde el cuerpo decide y la ropa responde.


Ese equilibrio entre tradición y actualidad también aparece en la selección de materiales y colores. Cada decisión responde a una búsqueda estética, pero también ética. “Cada material que seleccionamos para nuestro trabajo tiene que ver con la pureza, la nobleza, la sustentabilidad y la no contaminación del medio ambiente”, sostiene. A eso se suma una paleta cromática que evita lugares comunes. “Buscamos colores que vibren, colores definidos. Nos gusta muchísimo poder unir universos y colorimetrías que no son las convencionales”.


Colección ALTA CULTURA. Piezas precisas, refinadas, profundamente pensadas — clásicos contemporáneos donde el cuerpo decide y la ropa responde.


Detrás de cada colección aparece una mujer imaginada, aunque difícil de encasillar. Es una figura que funciona más como una actitud que como un perfil determinado. “Pensamos en una mujer mundana, desenvuelta, con una vida muy activa, no solamente física, sino también intelectual. Una mujer curiosa, una mujer que se mueve todo el tiempo y que visita distintos mundos”, describe.



La diversidad ocupa un lugar central en esa construcción. “Creo que la diversidad es una palabra maravillosa que tiene que ver con lo divertido”, reflexiona. Y agrega: “Me gusta saltar entre distintos ámbitos, desde uno más intelectual hasta uno no tanto. Me gusta conocer distintas ciudades: ciudades de playa, ciudades más mediterráneas. En fin, pienso en la diversidad”.


Aunque la marca lleva su nombre, Bomparola insiste en hablar en plural. “Creo en el trabajo en equipo, porque tengo una empresa y porque detrás de mi persona hay un equipo de gente que colabora conmigo y que me acompaña en cada una de las aventuras que emprendo”, explica. Esa dimensión colectiva es parte fundamental de un proyecto que logró construir una identidad reconocible sin perder cercanía ni coherencia.


Su vínculo con Recoleta también forma parte de esa historia. Desde los inicios de la firma, la marca desarrolló su actividad en el barrio y hoy encuentra en el Distrito BAFA una forma de potenciar esa pertenencia. “Formar parte de BAFA es un sueño que tuvimos hace mucho tiempo”, asegura.



Para Bomparola, el valor del distrito va más allá de lo comercial. Tiene que ver con la posibilidad de generar comunidad entre quienes comparten un mismo territorio. “Lo que es maravilloso desde el punto de vista comercial y empresarial es saber quién está detrás de cada marquesina, poder establecer vínculos”, señala. Y concluye con una idea que resume su mirada sobre el barrio que habita desde hace décadas: “Se trata de generar una hermandad en donde podamos hacer fuerza juntos y mejorar nuestro barrio. Porque pasamos tanto tiempo acá como en nuestras casas. En definitiva, se trata de proteger, cuidar y también curar nuestro barrio”.


En tiempos de consumo acelerado y tendencias fugaces, Evangelina Bomparola sigue apostando por otra velocidad. Una donde la elegancia no se mide por la novedad, sino por la capacidad de permanecer. Donde una prenda se vuelve valiosa cuando logra acompañar una vida entera. Y donde el diseño, más que seguir el tiempo, aprende a habitarlo.


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