Zurbarán: medio siglo difundiendo el arte de los argentinos
- Distrito BAFA

- 15 may
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Actualizado: 15 may
Por Camila López Parafita
DISTRITO BAFA
En pleno Recoleta, detrás de una vidriera que muchas veces invita a detenerse unos segundos más de lo habitual, la galería Zurbarán sostiene desde hace casi cinco décadas una misma convicción: el arte argentino merece ser visto, comprendido y compartido. Más que una galería, es un espacio donde las obras dialogan con las historias de quienes las crean y de quienes se acercan a contemplarlas.

Fundada en 1976 con la misión de difundir “el arte de los argentinos”, la galería construyó a lo largo del tiempo una red cultural que trasciende sus paredes. Desde sus salas en Buenos Aires, Pilar y Santa Fe, hasta su hotel en Bariloche —El Casco Art Hotel, que reúne más de quinientas obras—, Zurbarán ha organizado cerca de mil exposiciones en distintos países y ha publicado libros, catálogos y materiales dedicados a difundir la producción artística local. En sus espacios conviven artistas contemporáneos con grandes maestros del arte argentino, como Antonio Berni, Benito Quinquela Martín o Emilio Pettoruti.
Para Ignacio Zaldívar, director de la galería, el corazón del proyecto siempre estuvo ligado a la comunicación del arte. “Zurbarán enfoca el 51% de su tiempo en comunicar lo que hacemos. Y en el proceso, darle la mejor oportunidad a los artistas que representamos para que logren un gran alcance”, explicó. Esa idea de alcance —de llevar las obras más allá del taller y del circuito cerrado del arte— es una de las claves del ADN de la galería.
En la sede de Cerrito 1522, Zurbarán inaugura muestras aproximadamente una vez por mes, acompañadas de visitas guiadas, charlas, eventos y encuentros con artistas.
La misión de difundir el arte argentino, sin embargo, no se limita a exhibir obras. También implica construir experiencias culturales alrededor de ellas. “Cuando hablamos de difusión, en realidad nos referimos a que la experiencia sea mucho más cultural que simplemente visitar una sala y mirar cuadros”, señaló Javier Zenteno, codirector. “Nos gusta hablar de los artistas, contar sus historias, explicar de dónde viene cada obra. Que la visita sea mucho más enriquecedora”.
Ese enfoque se refleja en la forma en que la galería trabaja con los artistas que representa. El proceso comienza, muchas veces, lejos de la sala de exposiciones: en los talleres. “Una parte fundamental de nuestro trabajo es visitar talleres de artistas conocidos y también de talentos nuevos”, contó Zaldívar. Allí buscan algo difícil de definir pero fácil de reconocer cuando aparece: una voz propia. “Cuando vemos una obra que no nos hace acordar a nadie, que tiene frescura y un gran impacto visual, sentimos que puede haber una oportunidad”.
Si esas obras empiezan a encontrar su lugar en el mercado, el siguiente paso es la exposición. En la sede de Cerrito 1522, Zurbarán inaugura muestras aproximadamente una vez por mes, acompañadas de visitas guiadas, charlas, eventos y encuentros con artistas. Pero detrás de cada exposición hay un trabajo silencioso y prolongado. “Es una relación que uno tiene con el artista y que hay que nutrir constantemente”, explicó Zaldívar. “Para entender su obra hay que conocer su historia, su inspiración, su vida”.
Ese vínculo humano, aseguran sus directores, es tan importante como la estrategia comercial. “El vínculo que construimos con los artistas es una de las cosas más lindas de esta actividad”, reflexionó Zenteno. “Muchas veces terminamos relacionándonos con sus familias y ellos con las nuestras. La relación termina siendo más una amistad que un vínculo puramente comercial”.
Quienes llegan a la galería también lo hacen con motivaciones muy distintas. Hay coleccionistas experimentados que siguen la carrera de determinados artistas, inversores que buscan descubrir nuevas promesas y visitantes que simplemente entran por curiosidad o amor al arte. Para Zaldívar, todos forman parte del mismo ecosistema cultural.
En ese sentido, uno de los desafíos que aún persisten es desmontar la idea de que el arte es inaccesible. “Mucha gente cree que esto es solo para personas con gran poder adquisitivo, y no es así”, afirmó. “En la galería tenemos obras desde 100 dólares en adelante. Cualquiera puede empezar una colección”.
Esa visión también se conecta con el momento que atraviesa el arte latinoamericano en el escenario global. Según Zaldívar, en los últimos años creció el interés internacional por artistas de la región. “Hay una gran demanda por empezar a coleccionar arte latinoamericano”, señaló. “Y el arte argentino no tiene nada que envidiarle a las grandes capitales culturales”.
Hoy, mientras nuevas generaciones de artistas exploran lenguajes visuales cada vez más abstractos, expresivos o geométricos, Zurbarán sigue apostando a la misma idea que la vio nacer: que el arte es una historia que merece ser contada.
Quizás por eso, entrar a la galería sigue siendo una invitación abierta. Una pausa en medio de la ciudad para mirar con más atención, descubrir nuevas miradas y, tal vez, empezar a sentirse parte de ese universo creativo que la galería lleva casi cincuenta años difundiendo.
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