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Guido: el arte de hacer zapatos que atraviesan el tiempo

  • Foto del escritor: Distrito BAFA
    Distrito BAFA
  • 11 may
  • 4 Min. de lectura

Por Camila López Parafita

DISTRITO BAFA


En una ciudad donde la moda cambia con la velocidad de las temporadas, hay objetos que parecen permanecer intactos. Los mocasines de Guido pertenecen a esa categoría: piezas que no responden al impulso de la novedad sino a la lógica del oficio. Desde su local en Av. Presidente Quintana 333, en el corazón de Recoleta, la marca continúa escribiendo una historia que comenzó hace más de siete décadas y que hoy forma parte del paisaje clásico del calzado argentino.


GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo.

La escena fundacional es casi cinematográfica. En 1952, Luciano Bagnasco colocó sobre un mostrador un pequeño conjunto de modelos: un par de mocasines, dos zapatos elegantes pensados para la vida social de la ciudad y algunos encargos hechos a medida para clientes particulares. Aquella primera colección condensaba una idea sencilla pero ambiciosa: hacer buenos zapatos, pensados para durar. Así nació Guido, nombre tomado de una calle de uno de los barrios más distinguidos de Buenos Aires, donde empezó la historia de la marca.


Con el tiempo, ese gesto inicial se transformó en una tradición. “Guido nace en 1952 con una idea muy simple pero muy potente: hacer buenos zapatos. Luciano Bagnasco quería hacer productos que duren, que se usen, que se vuelvan parte de la vida de las personas”, cuenta Luis, vendedor del local desde hace tres décadas. “Y creo que eso sigue pasando hoy”.



GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo.



En un universo donde la producción suele acelerarse, el ADN de Guido parece moverse en otra dirección. Para quienes trabajan allí, la identidad de la marca se define en pocas palabras: continuidad, cuidado y cercanía. “Si tengo que definir Guido en pocas palabras: calidad, tradición y familia. Son zapatos que no pasan de moda y los que trabajamos en Guido somos familia”, señala Luis.


Esa idea de familia no es sólo simbólica. Tiene que ver con una forma de trabajo que se sostiene desde el origen: el oficio como núcleo del proceso. El cuero —su textura, su resistencia, su comportamiento con el paso del tiempo— ocupa un lugar central en esa lógica. “Todo empieza por el cuero. Si el material es bueno, el zapato lo transmite. Y en Guido eso es clave”, explica.




GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo.



En los talleres, el proceso de fabricación conserva una dimensión artesanal que hoy resulta cada vez más inusual. No se trata simplemente de diseñar un modelo: cada par implica tiempo, conocimiento técnico y manos entrenadas. “El oficio sigue estando en el corazón de todo. Hay manos, experiencia y detalle en cada etapa. Eso es lo que hace la diferencia”, dice Luis.


Ese trabajo se organiza como una cadena de saberes específicos. Algunos artesanos se especializan en determinadas etapas del proceso o en modelos concretos. “El proceso de confección de un zapato Guido es muy particular. Lo que lo diferencia es que está hecho a mano y que detrás de cada modelo hay un equipo de personas dedicadas a su elaboración. Hay artesanos que se especializan, por ejemplo, únicamente en hacer mocasines”, cuenta.




GUIDO PARADISO WS - 26: La campaña de invierno de la marca es un guiño al cine italiano y a los oficios que resisten el paso del tiempo.



Quizás por eso, cuando se habla de Guido, el mocasín aparece inevitablemente como un emblema. Su silueta sobria y elegante atraviesa generaciones sin perder vigencia. “Un clásico es algo que siempre funciona. Que te lo ponés hoy, en diez años o en veinte… y sigue estando bien. Eso es lo que pasa con nuestros mocasines”, reflexiona Luis.


Pero incluso las tradiciones más sólidas deben dialogar con el presente. En las últimas décadas, la industria de la moda cambió radicalmente: nuevas formas de consumo, expansión digital y mercados globales. Guido atravesó esa transformación sin renunciar a su identidad. “Hoy la marca vive en muchos lugares: tiendas alrededor del mundo, online, redes. El desafío fue adaptarnos sin perder identidad. Y creo que lo logramos”, explica.


En esa tensión entre continuidad y cambio parece residir parte del secreto. La marca no intenta reinventarse en cada temporada, sino reafirmar aquello que la define. “Sostener una marca tantos años te enseña algo clave: tener claro quién sos. Porque todo cambia, pero eso es lo que te mantiene”, dice Luis.



En ese sentido, formar parte del Distrito BAFA implica para la marca una nueva forma de conexión con la escena creativa contemporánea. “Ser parte de BAFA es estar donde pasan cosas. Es conectar con la industria, con los clientes, con energía”.


Mientras tanto, en el interior del local, los zapatos siguen alineados sobre las estanterías con una calma casi atemporal. Cada par parece llevar consigo algo más que diseño: una cadena de manos, decisiones y saberes que se transmiten desde 1952.


“Nos gusta que cuando alguien conoce Guido, entienda que no es solo un zapato”, concluye Luis. “Hay historia, hay oficio, hay intención”.


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